El “agentinazo” de diciembre de 2001,
fue el resultado de una crisis política, económica, social e
institucional, potenciada por el neoliberalismo que se instaló en el país en el
tándem Menen-de la Rua, con Cavalho de por medio y la dirección del FMI.
El
19 y 20 de diciembre de 2001, fueron parte de las jornadas más
trágicas de la historia de nuestro país, comenzando el nuevo milenio.
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Fotos: https://eldiablosellama.wordpress.com/
Demián Paredes
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“¡QUÉ SE VAYAN TODOS!”.
El lema que enarboló, principalmente, la clase media
fue “¡Qué
se vayan todos!”. El desencadenante inmediato de la crisis fue la
imposición del “Corralito”. Domingo
Cavallo, superministro de economía, comunicó que sólo se podrían sacar $ 250 por
semana de los bancos. Se formaron colas de gente desesperada en los cajeros automáticos.
La Alianza de gobierno llevaba un año y medio quebrada, el capital escapaba en
masa de la Argentina hacia Panamá, Suiza y otros paraísos fiscales, el
desempleo llegaba a niveles récord, la industria estaba paralizada y sostener
la paridad peso-dólar era una utopía.
Se había transformado el poder social a favor de los
sectores más concentrados en lo productivo y lo financiero, y en el campo
económico un exorbitante endeudamiento externo que neutralizó la capacidad del
Estado para proseguir liderando el desarrollo económico. El fuerte endeudamiento
favoreció el gerenciamiento permanente de la tecnocracia neoliberal del FMI
sobre la definición de las políticas públicas.
El
ministro de economía, Domingo Cavallo, dejó en la lona a cientos de familias de
clase media, que veían cómo sus ahorros se esfumaban y salieron a la calle a
reclamar junto a los sectores populares. Así nacieron los “caceroleros”, mientras, saqueos se producían en distintos puntos
del país.
Todo esto sucedió
en el marco de una descomposición que se extendió entre 1997 y 2002, causada
por una larga recesión que disparó una depresión humanitaria: cierre de
fábricas - sobre todo de PyMES – por ende desocupación, ajustes en los ingresos
de la clase pasiva, docentes, empleados públicos, fuerzas de seguridad, etc.
El recorte en los
haberes previsionales afectó a 533.401 jubilados, que representaban al 16% del
total de la clase pasiva del país. La medida reducía un 13% el monto que
percibían en ese momento. Así lo estableció el decreto N° 926, previendo un
ahorro de 68,6 millones de pesos sólo en este sector.
La burocracia
sindical, que amagó con un paro nacional, nunca convocado, un método al que no
ha dejado de recurrir hasta hoy día. La conducción de Moyano & Cía. amenazó
con iniciar la lucha. Nunca osó presentar armas.
Como
siempre, en nuestra historia se pretende ahorrar saqueando a los más
vulnerables. El decreto fue firmando por Fernando de la Rúa y los ministros
Domingo Cavallo, Chrystian Colombo y Patricia Bullrich.
VIOLENCIA DE ARRIBA VIOLENCIA DE ABAJOLa violencia
genera violencia y la violencia de los decretos, leyes apañadas, ordenanzas
impuestas sin consenso, concesión de prebendas a los más privilegiados, como
sucedió en varias secuencias históricas durante el siglo XX (y actualmente se repite
en una helicoidal macabra) genera la violencia de los de ‘abajo’.
La violencia del
pueblo francés en julio de 1789, fue el resultado de la violencia gestada por
la monarquía y la nobleza con su forma de vida que relegaba a las clases
populares a la máxima miseria.
La Revolución de
Mayo y los años violentos de la Gesta Emancipadora fueron consecuencia de la
condición de súbditos de segunda que España tenía violentamente sojuzgados a
los criollos.
Los señores de
saco y corbata que crean medidas que concluyen “saqueando” el bolsillo de los
humildes y vulnerables, inevitablemente recibirán la respuesta y palos,
piedrazos y saqueos, pues de qué otra forma se podría enfrentar al Poder ¿Con
el diálogo? ¿El intercambio sesudo de los motivos de la crisis? ¿A través de
los medios de comunicación? (cuando sabemos que en su mayoría pertenecen a las
corporaciones financieras)
Los que
sustentan el Poder dicen que lo hacen sobre los parámetros de la democracia, que
el que se sale de las medidas que ellos establecen violan la democracia, pero
no hay democracia sin la voz del “demos” y, a veces, no es suficiente que esa
voz sea exclusiva de los representantes legítimamente electos pues en la
historia argentina hay cientos de pruebas que demuestran que muchas veces los ‘representantes
del pueblo’ acomodaron su representatividad al ‘mejor postor’. Esto está en el subconsciente
de la gente.
LA TROUP PRESIDENCIAL
En medio del
conflicto social generalizado, el presidente Fernando de la Rúa presentó su
renuncia empujado por saqueos y muertes. “Renuncié
porque la realidad me superaba”, admitió años después de la Rúa, quien enrolado
al radicalismo toda su vida, asumió el poder por la “Alianza para el Trabajo, la Justicia y la Educación”, más conocida simplemente como “La Alianza” fue una
coalición entre la Unión Cívica Radical y el Frente
País Solidario, conformada en 1997,
que ganó las elecciones de 1999. El FREPASO fue una confederación de partidos políticos de constituida en 1994 por el Frente Grande, el partido PAIS
(Política Abierta para la Integridad Social), la Unidad Socialista integrada
por los partidos Socialista Popular y Socialista Democrático, y el Partido
Demócrata Cristiano.
Tras la dimisión
de Fernando de la Rúa se abrió un período inédito en el que el país vio pasar
cinco presidentes en apenas dos semanas. Así, Ramón Puerta, senador por Misiones, había ocupado el primer lugar
en la línea de sucesión, puesto vacante por la renuncia de Carlos ‘Chacho’
Álvarez a la vicepresidencia. Puerta asumió y convocó a una Asamblea
Legislativa para elegir al sucesor. El misionero fue presidente por tres días.
Después llegó el turno de Adolfo
Rodríguez Saá, votado por gracias a un acuerdo de los gobernadores
peronistas. El interinato de ‘El Adolfo’ se caracterizó por la declaración de
no pago de la deuda externa y por la conformación un gabinete que no llegó ni a
calentar los sillones. Debía convocar a elecciones para el 3 de marzo de 2003.
Pero Rodríguez Saá, gobernador de San Luis durante 18 años, quiso quedarse un
tiempo más, ambición suficiente para que los caciques del peronismo le quitaran
apoyo. Renunció por televisión desde San Luis.
Llegó entonces Eduardo Camaño, presidente de la Cámara
de Diputados. Quedó como presidente de la Nación el 31 de diciembre, hasta la
mañana siguiente. Armó un gabinete para unas horas y pasó la noche de Año Nuevo
en la Rosada. El 1º de enero, la Asamblea Legislativa eligió presidente a Eduardo Duhalde.
En aquel 2001,
Argentina entraba en su cuarto año de recesión, con más de un tercio de su
población sumida en la pobreza y altos niveles de desempleo.
El día anterior había decretado el estado de
sitio, lo que originó una represión que dejó más de 30 muertos.
En su discurso
de asunción Duhalde sintetizaba la situación socio-económica de la siguiente
forma:
“No es momento, creo, de echar culpas. Es
momento de decir la verdad. La Argentina está quebrada. La Argentina está
fundida. Este modelo en su agonía arrasó con todo. La propia esencia de este
modelo perverso terminó con la convertibilidad, arrojó a la indigencia a 2
millones de compatriotas, destruyó a la clase media argentina, quebró a
nuestras industrias, pulverizó el trabajo de los argentinos. Hoy, la producción
y el comercio están, como ustedes saben, parados; la cadena de pagos está rota
y no hay circulante que sea capaz de poner en marcha la economía.” [1]
La hiperinflación que concluyó con el gobierno neoliberal
de La Alianza creó un clima catastrófico propicio para que los acreedores
externos, aliados a facciones empresariales locales, delinearan un profundo
programa de reformas estructurales, diseñado para maximizar ganancias privadas
a costa del patrimonio público.
¡Cualquier
semejanza con la actualidad, no es pura casualidad!
Compilación:
Chalo Agnelli
FUENTES
http://www.elterritorio.com.arCrisis 2001: represión,
muertos y cinco presidentes en dos semanas
http://www.unidiversidad.com.ar/19 y 20 de Diciembre de
2001: renuncia De la Rúa y estallido social
http://www.lanacion.com.arDiciembre 2001: crónica
de un mes en el que se aceleró la historia.
Domingo 08 de diciembre de 2013, por Martín Rodríguez Yebra.